Descubrí que podía dedicarme al Diseño UX/UI cuando una amiga me animó a tomar un curso con ella.
Había oído hablar del tema, pero no estaba muy familiarizada. En ese momento, me encontraba dividida entre dos pasiones: la licenciatura en Psicología y la tecnicatura en Desarrollo de Software (o Programación, como comúnmente se la conoce).
Ya estaba cursando ambas carreras simultáneamente, sin una dirección clara. Ambas me fascinaban y cada una representaba un escape de la otra: pasaba de explorar la mente, el inconsciente y los mecanismos de defensa, a sumergirme en la lógica, resolver problemas matemáticos y crear pequeños programas en solo un par de clases.
Así que me inscribí en ese curso, y todo comenzó a tener sentido: aquello que no lograba conectar de repente estaba claro. El diseño y posible desarrollo de un programa se unía con la mente y los procesos inconscientes del usuario.
Por supuesto, un solo curso no fue suficiente, así que empecé a buscar más información sobre este nuevo mundo lleno de posibilidades, desde libros hasta videos de YouTube, podcasts y publicaciones en LinkedIn.
Por primera vez en mucho tiempo, volví a sentir esas mariposas en el estómago y me dije: “Esto es lo que buscabas y lo encontraste”.
Al terminar el colegio y dar el gran salto al mundo laboral, a menudo nos enfrentamos a una gran incógnita. Algunos saben desde siempre lo que quieren hacer. Otros, como yo, somos inquietos, no nos podemos quedar en un solo lugar: todo nos apasiona y queremos saber de todo.
Sentirse “adulto” o en la edad en la que se supone que deberíamos saber lo que queremos, y no tener ni la más mínima idea, puede ser angustiante.
Pero la verdad es que nunca es tarde para encontrar lo que nos hace felices, nunca es tarde para empezar nuevos proyectos, ni para terminar los viejos.