Mayo, 2025 – Actualidad
Introducción
El día que Suiza me llamó y decidí atender, aún no dimensionaba hasta dónde llegaría ese contacto. Del otro lado estaba Andrea, una emprendedora argentina que llevaba más de diez años viviendo en el extranjero y que buscaba hacer despegar un proyecto con un fuerte propósito social. Así nació mi vínculo con Aluna, una red pensada para mujeres emprendedoras de 50 años o más que desean alcanzar independencia económica y una mejor calidad de vida. Mi rol: estar a cargo de la comunicación del proyecto.
El programa Aluna
Durante los primeros días de investigación de marca, comprendí que Aluna no era un espacio de consejos aislados, sino un programa estructurado, con un método claro y una ambición profunda: construir comunidad. El recorrido formativo se organiza en cuatro fases:
- Destinar: etapa orientada a la búsqueda del propósito y la identidad de marca de cada emprendimiento.
- Ponderar: instancia de análisis interno y externo, donde la alumna identifica fortalezas, debilidades, amenazas y obstáculos, apoyándose en un estudio de mercado y de la competencia.
- Abordar: fase operativa, centrada en nociones básicas para la gestión del negocio: finanzas, obligaciones laborales, ventas y conexión con el cliente ideal.
- Alunizar: etapa final, en la que la alumna visualiza su plan de negocios y tiene la oportunidad de lanzar una campaña de marketing y presentarse en redes sociales.
A partir de este marco conceptual y de los objetivos de Andrea, comencé a diseñar mi propia estrategia comunicacional.
Estrategia y abordaje comunicacional
Al tratarse de una emprendedora que se dirige a otras mujeres en proceso de emprender, opté por una comunicación que combinara información práctica sobre negocios digitales con contenidos inspiradores. Trabajé principalmente con carruseles de diseño minimalista y portadas visualmente atractivas, pensadas para captar rápidamente la atención y facilitar la lectura.
Un eje central del trabajo fue la humanización de la marca. Aluna no debía percibirse como una cuenta que publica piezas frías o impersonales, sino como una voz cercana, real, atravesada por los mismos miedos y desafíos que su comunidad. En ese sentido, la presencia de Andrea fue clave. Decidimos centrar el plan de contenidos en videos motivacionales e inspiradores, donde ella se dirigiera directamente a su audiencia.
Mi rol incluyó la edición de los videos y el acompañamiento estratégico: guiarla en la construcción de un discurso claro y coherente, sugerir aperturas potentes que captaran la atención desde los primeros segundos, y cierres concretos con llamados a la acción alineados con cada mensaje.
Un punto de inflexión
A mediados de noviembre de 2025, Andrea viajó a la Patagonia, específicamente a Las Plumas, un pequeño pueblo de la provincia de Chubut. Esta experiencia marcó un antes y un después en el proyecto. Allí entró en contacto con una realidad que no habíamos contemplado del todo: comunidades alejadas de los grandes centros urbanos, con una enorme resiliencia y un fuerte deseo de progreso.
A más de 1.500 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Andrea descubrió una red de emprendedores con necesidades y potencialidades distintas, lo que fortaleció nuestra convicción sobre la importancia de construir una comunidad aún más sólida y accesible.
Expansión de la comunidad
Como respuesta a esta nueva etapa, decidimos potenciar el programa de Aluna a través de una plataforma internacional: Skool, cuyo lanzamiento está previsto para marzo de 2026.
La plataforma contará con cursos, videos formativos y espacios de intercambio grupal, donde las alumnas podrán compartir experiencias, debatir sobre sus emprendimientos, enfrentar obstáculos en conjunto y desarrollar productos digitales. Aluna acompañará este proceso mediante mentorías grupales, con el objetivo de brindar herramientas concretas a quienes buscan hacer crecer su negocio en el entorno digital.
Reflexiones finales
Con el tiempo, mi rol como comunicadora de Aluna dejó de limitarse al diseño de piezas gráficas o la edición de videos. Mi trabajo pasó a ser el de un puente entre la marca y su comunidad, funcionando como un verdadero andamiaje (como decía Vigotsky) entre las alumnas y sus objetivos.
La claridad comunicacional se volvió central: transmitir que Aluna está para acompañar, orientar y brindar información útil en el momento adecuado. Crear una comunidad desde cero no es sencillo, pero la convicción de mejorar la calidad de vida de más mujeres es el motor que sostiene el proyecto y mi compromiso con él.
Seguir involucrada en Aluna implica aportar una comunicación clara, humana y estratégica, facilitar el vínculo con Andrea y poner al alcance de la comunidad herramientas que resultan esenciales para desenvolverse en la nueva era digital.
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