Rediseñar lo existente

Rediseñar, sinónimo de exprimir más el cerebro y la creatividad.

Uno de los mayores desafíos al diseñar (y no hablo solo de UX/UI, sino del diseño en general) es encontrar tiempo para nuestros propios proyectos. Ese tiempo que siempre queda para “cuando afloje un poco el trabajo” y casi nunca llega.

Hace poco empecé a trabajar en mi CV. Ese sutil documento que intenta resumir quién sos, qué hiciste, dónde estudiaste, qué idiomas hablás y qué habilidades fuiste sumando en el camino. Y por supuesto, no puede faltar el portfolio: pantallas de desafíos online, apps ficticias, productos que sí llegaron a ver la luz.

Pero, sin dudas, los proyectos que más me costaron fueron los rediseños de aplicaciones y sitios web existentes.

Cuando creamos desde cero, la imaginación vuela con mucha más libertad. En cambio, al rediseñar, nos encontramos con límites claros: una arquitectura previa, decisiones tomadas por otros, una historia que no siempre podemos, ni debemos, borrar.

Ahí es donde aparece el verdadero reto: equilibrar lo que imaginamos, la usabilidad y lo que ya existe.

Descubrir esa historia, entenderla y reinterpretarla es un desafío enorme.

La realidad es que no sé si rediseñar es más difícil que diseñar desde cero. Pero sí estoy convencida de algo: rediseñar nos empuja a otro nivel. Nos enfrenta a problemas más reales, nos obliga a justificar decisiones y nos ayuda a crecer como diseñadores.

Y al final, de eso se trata: seguir aprendiendo y avanzando, incluso cuando el tiempo no sobra.

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